Ü, filosofía

Doulas

Estudios científicos demuestran que un buen tratamiento preventivo para hacer necesarias menos intervenciones médicas en el momento del parto, es que la mujer que da a luz esté acompañada de otra mujer, por su mera presencia.  A esto se le llama el acompañamiento de una Doula. El requisito fundamental es que la presencia sea continua.
Es así como siempre fue. Las mujeres de la familia y la comunidad se han reunido a lo largo de los tiempos alrededor de la parturienta. Si. Es algo que hacemos instintivamente, acompañarnos, permanecer presentes mientras la otra, la hermana, atraviesa su trance, cual sea.
Siempre fue que una mujer que devenía madre, vivía la experiencia de la maternidad primeramente conociendo y compartiendo la maternidad de las suyas.
Hoy no es tan habitual que la maternidad de otra se viva de cerca. Hoy es común llegar a la propia maternidad siendo éste el primer contacto con el milagro. Es tanto lo que sucede… una transformación profunda, un viaje a lo desconocido. Y es así. Claro que acompañada, todo camino se hace más amable.
El “fenómeno doula” está sucediendo alrededor del mundo. Parece que algo en nosotras impulsa cuando sabemos que podemos vivir la maternidad de un modo más orgánico y amable. Sucede una especie de imperativo de género, y una apremiante necesidad de traer a los hijos al mundo en paz. De rescatar ése momento tan nuestro de parir, y hacer de ello un rito iniciático. Y es que eso es lo que es un parto no intervenido-interrumpido. Una experiencia de apertura tras la cual, nada está exactamente en el mismo lugar que estaba antes.
Las doulas son mujeres que se han acercado a conocer los misterios y realidades de la maternidad, que han tratado de hacer una toma de consciencia, desde cómo son a cómo nos gustaría que fueran -por el bien de toda vida-, las condiciones del proceso de la maternidad y trabajan en favor de hacerlas más amables.
Son una parte de la magnífica conquista que estamos haciendo los humanos occidentales por recuperar la naturalidad y la potencia fisiológica que trae una nueva vida.  Profesionales de todos los ámbitos relacionados con la atención a los sucesos perinatales están haciendo un bellísimo trabajo de reconocimiento, redescubrimiento, cambio de actitud y comprensión de la transcedencia que tiene el modo en que un bebé nace, que una mujer da a luz y que una familia se crea. Las mujeres estamos recuperando un espacio que todos necesitamos para que éso que sabemos intuitivamente que la vida es, sea.
Las doulas pareciera que tejen hilos invisibles. Diseminan información, confían, recuerdan el poder de parir, permanecen al lado, en silencio, cuidando el ambiente en el que la mujer se hace madre.
Es sólo eso.
Llevar el silencio adentro y un flujo constante de oxitocina en la sangre.
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Oxitocina, la hormona del amor de madre

Publicado en La Vanguardia con motivo del día de la madre. 1.05.2016

Oxitocina, la hormona del amor de madre
Una madre juega con su hijo pequeño (Flickr RM)

La llaman la hormona del amor y es la responsable de que el vínculo que una madre siente por su hijo sea el lazo afectivo más poderoso. En el día de la madre, indagamos en la química que se esconde detrás del cariño.

“En una relación madre-bebé con un sistema de oxitocina activo, uno puede observar, sentir, casi oler, el amor que emana de uno a otro en constante retroalimentación, generando un ambiente capaz de contagiar a quienes les rodean. Amar genera oxitocina y ella nos da la capacidad de sentir el amor”, describe Alicia Domínguez Diéguez, psicóloga perinatal.

Un bebé duerme a hombros de su madre
Un bebé duerme a hombros de su madre (Westend61 – Westend61 / Getty)

Tan fuerte es su efecto que está grabado en el ADN de todas las féminas. La maternidad en cualquiera de sus formas desarrolla procesos que desencadenan la producción de esta sustancia. “Muchas no se inician como un proceso biológico, pero en cualquier caso, todas ellas estarán en retroalimentación con esta hormona. Amar produce amor”, añade.

La pócima del amor

“La oxitocina es la expresión bioquímica de la experiencia de amor, unión y confianza”, describe Alicia. Ligada al bienestar, el sistema endocrino genera esta sustancia en las interacciones de afecto positivo.

“Está presente en todos los actos de amor; cuando tenemos un orgasmo, cuando compartimos comida, cuando abrazamos, cuando mantenemos contacto, cuando nos sentimos tranquilos, cuando nos miramos profundamente a los ojos, cuando sentimos que formamos parte de algo…”, cuenta la experta.

Aunque sus cotas más altas se alcanzan con el embarazo y la lactancia. “Tras un parto fisiológico, -que se desarrolla a su propio ritmo, sin intervenciones químicas-alcanzamos los mayores niveles de oxitocinaque pueden lograrse en la vida.

Una madre después de dar a luz a su bebé
Una madre después de dar a luz a su bebé (Image taken by Mayte Torres – Moment RM)

La función de este pico de oxitocina es que madre y bebé se reconozcan mutuamente y se enamoren profundamente el uno del otro; un mecanismo evolutivo para garantizar el cuidado de las crías”, argumenta.

Esta hormona despierta el instinto maternal no solo en humanos. Un estudio realizado por la Escuela de Medicina de la Universidad Nueva York demostró que la secreción de oxitocina era una pieza fundamental para que las ratonas reconociesen el llanto de sus crías.

Se trata de un mecanismo que empodera a la mujer y la convierte en una heroína con un objetivo

Pero los roedores no son los únicos mamíferos para los que esta sustancia refuerza la conexión familiar. La Dra. Kelly Robinson, investigadora de la Unidad de Mamíferos Marinos de la Universidad de St Andrews, descubrió que los niveles de oxitocina en las focas se incrementan al estar cerca de sus crías. Además, Robinson apunta en su trabajo que la concentración de la hormona determina por qué unas madres cuidan mejor a sus bebés que otras.

Este comportamiento se traduce también en los humanos. “El bebé estimula la oxitocina de la madre, y el efecto de esto le garantiza cuidados, calor y alimento. Asimismo, el funcionamiento adecuado de este elemento favorece el éxito de la lactancia materna; estimula la producción de prolactina, actúa como vasodilatador y activa la eyección de la leche”, declara Alicia.

Un abrazo de una madre y su hija
Un abrazo de una madre y su hija (Getty)

Hormona todopoderosa

ALÍCIA DOMÍNGUEZ

Psicóloga perinatal

Más allá del encender el amor materno filial, este concentrado despierta también el coraje y la fuerza. “En los niveles en los que se presenta en el embarazo, parto y posparto, tiene un prodigioso efecto: elimina de la amígdala los efectos bioquímicos de la parálisis ante el miedo; la indefensión aprendida, que es el miedo condicionado culturalmente, del que aprendemos a no escapar o enfrentar”, asegura la psicóloga.

Se trata de un mecanismo que empodera a la mujer y la convierte en una heroína con un objetivo: asegurar el bienestar de su vástago. De ahí que incluso pueda dar pie a comportamientos agresivos como respuesta protectora. “La madre fiera es la recuperación de nuestra condición mamífera, la maternidad instintiva, más allá de los condicionamientos socioculturales”, indica Domínguez.

Una madre anciana abraza a su hija
Una madre anciana abraza a su hija (Thomas Tolstrup – Thomas Tolstrup / Getty)

Herencia materna

De entre las múltiples capacidades heredadas de las madres hay una que destaca sobre las demás: nos han enseñado a querer. “El amor materno es el modelo que desarrollamos a lo largo de la vida en las relaciones que establecemos, es nuestro principal estilo afectivo. Las primeras experiencias de nuestra vida dejan una profunda huella en la sensación de cómo es estar en este mundo”, señala Alicia.

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